sábado, 13 de diciembre de 2008

EL NUEVO PARADIGMA.


Los cambios que se han venido generando de manera vertiginosa a finales del siglo XX y principios del siglo XXI en los diferentes ámbitos (social, económico, cultural y político entre otros) y en el contexto nacional como el internacional, exigen que la educación también se renueve. La sociedad de hoy precisa contar con personas que sean capaces de seguir construyendo y reconstruyendo sus propios conocimientos de manera permanente, de desarrollar nuevas habilidades y destrezas, conservar y transformar los propios sistemas de valores de tal manera que puedan ser competentes para comprender y enfrentar las grandes trasformaciones actuales.

La integración de la tecnología al salón de clases es indispensable para lograr dominar las destrezas académicas necesarias para competir en este mundo globalizado. Los estudiantes llegan a la escuela con unos conocimientos en tecnología diferentes a los que los adultos tienen. Existen maestros constructivistas que ven el aprendizaje de una forma distinta a la tradicional y que integran la tecnología como una alternativa para adquirir el conocimiento.

Disponer de nuevos recursos que puedan permitir nuevas formas de hacer las cosas no significa que necesariamente se produzca el cambio. Antes el profesor daba sus clases magistrales con el apoyo del gis y pizarrón y los alumnos presentaban sus trabajos y exámenes escritos a mano o a máquina; ahora el profesor da sus clases magistrales con PowerPoint, los estudiantes presentan sus trabajos en Word y a veces los exámenes son pruebas objetivas ante una computadora.
Los estudiantes se motivan a realizar sus tareas con mucho entusiasmo y dedicación logrando subir su aprovechamiento académico y los maestros al utilizar la tecnología en el desarrollo de sus clases logran motivar a los estudiantes a realizar investigaciones utilizando el recurso del Internet. Se necesitan unas experiencias que le permitan observar como la integración de la tecnología puede crear un aprendizaje constructivista para fomentar el aprendizaje cooperativo y las destrezas de socialización necesarias para compartir el conocimiento.

Los estudiantes pueden, de acuerdo con los planteamientos constructivistas y del aprendizaje significativo, realizar sus aprendizajes a partir de sus conocimientos y experiencias anteriores porque tienen a su alcance muchos materiales formativos e informativos alternativos entre los que escoger y la posibilidad de solicitar y recibir en cualquier momento el asesoramiento de profesores y compañeros.

El WebQuest es una herramienta que promueve el aprendizaje de los estudiantes de una forma constructivista, además le permite a los maestros integrar el Internet de forma tal que los estudiantes evalúen los recursos que seleccionó el maestro y puedan realizar investigaciones que les permitan llegar a sus propias conclusiones. La disponibilidad de las TIC por parte de los profesores y de los estudiantes no suponen ni mucho menos el fin de los aprendizajes basados en la memorización y la reproducción de los contenidos, ni la consolidación de los planteamientos socio-constructivistas del aprendizaje, a pesar de las magníficas funcionalidades que ofrecen para la expresión personal, la construcción personalizada conocimiento y el trabajo colaborativo.

El Internet facilita instrumentos para mejorar los canales de información y comunicación tradicionales de la enseñanza a distancia, permitiendo a los estudiantes un mayor control de su trabajo y al profesorado un mejor seguimiento de las actividades que realizan los alumnos. Por ejemplo, antes, con la radio o la televisión educativa, cada día el alumno tenía que "recibir" (y estudiar) lo que se emitía; ahora en Internet selecciona lo que quiere "recibir" y estudiar en cada momento, con la única limitación de la flexibilidad que ofrezca el plan docente del curso que realiza.

Antes la comunicación con el profesor se realizaba por carta o en estrechas franjas de atención telefónica, ahora la tutoría virtual puede ser permanente. Antes los alumnos "a distancia" prácticamente no se conocían, ahora pueden estar siempre "conectados" y realizar trabajos colaborativos. Además, Internet reduce las infraestructuras necesarias para desarrollar formación a distancia y los costos. Por ejemplo: el correo electrónico simplifica el tema de las centralitas telefónicas y las gestiones administrativas; las páginas web reducen las necesidades de empaquetado distribución de materiales físicos. De la misma manera que hoy un comerciante puede gestionar una tienda virtual desde un rincón de su casa, un profesor puede gestionar un curso a distancia desde su despacho.

Aunque aún hay docentes que no son conscientes de ello, el desarrollo tecnológico actual nos está situando en un nuevo paradigma de enseñanza que da lugar a nuevas metodologías y nuevos roles docentes, configurando un nuevo enfoque de la profesionalidad docente más centrada ahora en el diseño y la gestión de actividades y entornos de aprendizaje, en la investigación sobre la práctica, en la creación y prescripción de recursos, en la orientación y el asesoramiento, en la dinamización de grupos, en la evaluación formativa y en la motivación de los estudiantes, que en la transmisión de información y la evaluación sumativa como se entendía antes.

LOS SABERES DE MIS ESTUDIANTES.


1.- Mis estudiantes saben hacer en internet.

Cada día nuestros estudiantes se familiarizan mas con el uso de la Internet, solo falta que los docentes nos actualicemos en este uso, porque es la herramienta tecnológica que aprovechada como recurso de enseñanza y aprendizaje nos dará mejores resultados para la construcción nuevo paradigma educativo del S. XXI. Los alumnos usan el e-mail como medio para mandar y bajar información, buscadores para encontrar información, crear páginas web (metroflog), ver videos el (youtbe), bajar y escuchar música (ares), jugar y bajar juegos, platicar con personas a larga distancia mediante el Messenger.

2. Estrategia para aprovechar esos saberes en la actividad del aula.
Algunos maestros dejamos tarea para investigación en internet, se tiene que resolver y entregar por medio del correo electrónico. Investigan páginas confiables y consultan noticias para conseguir la información y con esto se logra que el alumno:
Está altamente motivado.
Es independiente.
Está dispuesto a ser un estudiante activo.
Tiene habilidades para administrar su tiempo y organizarse.
Tiene la disciplina para estudiar sin recordatorios externos.
Puede adaptarse a nuevos ambientes de estudio.

3.- ¿Quienes van a enseñar a quien?, que les enseñaran ¿y cómo lo harán?
Los alumnos le entregan las investigaciones a los docentes y lo resuelven con mayor facilidad que los maestros ya que los alumnos nacieron en este siglo de avance tecnológico. Los más avanzados apoyaran como monitores para que sepan navegar con facilidad y optimicen el tiempo de clase logrando óptimos resultados. Una vez realizada la investigación se les pide que la analicen en equipo de tal forma que puedan dar una aportación de cómo solucionar cierta problemática.

Como percibo mi Docencia.


Hablar de la actividad docente en tercera persona es relativamente fácil hay gran producción teórica al respecto y existe una amplia tendencia de investigación que busca entender el problema de la calidad en la educación a través de sus prin­cipales actores, los llamados protagonis­tas del cambio educativo: los docentes. Sin embargo, cuando esa actividad científica se inclina hacia uno mismo incrementa la complejidad, pues al mismo tiempo que se es "sujeto" se es "objeto" de análisis y reflexión
Mi práctica docente, al igual que otras manifestaciones sociales, tiene un aquí y un ahora. El aquí es mi espacio institucional o escuela, y el ahora lo cons­tituye mi antigüedad en el servicio, mi edad y mi época, soy docente frente a gru­po en un Cetís que cuenta con una plantilla de ciento cuarenta y dos personas, entre directivos, docentes, administrativos y de servicios.
Mi centro de trabajo es una escuela que está ubicada en un contexto denominado "urbano marginal". Mi incorporación al Cetis n°116 mi centro de trabajo fue en 1994. La percepción inicial que tenía del magisterio ha cam­biado y ahora la enfoco básicamente como un cruce de culturas entre los do­centes, los alumnos, el curriculum, la sociedad, etc., que es necesario me­diar reflexivamente para facilitar el desarrollo educativo.
Estos y otros aprendizajes han re­presentado para mí algo más que un cruce de culturas. Han representado un cho­que y una contradicción a esa figura de maestro "ideal" que construí durante mis estudios de formación inicial. También me han llevado a percibir estilos de re­lación y costumbres asimiladas como "normales" por su cotidianeidad.
En re­lación con lo anterior, mi práctica había caído en un continuo de asimilación de esa cultura operante en el centro y me sumaba a esta costumbre, en el enten­dimiento de que los valores manifestados por los docentes con mayor antigüedad tenían que ser, por lógica, fundamenta­dos en una experiencia rica en prácticas y saberes. Ahora me doy cuenta que no necesariamente es así.
Gracias a la reflexión individual y colectiva (durante las sesiones de mis clases de Maestría) de diversos autores, descubrí que mi es­tilo de relación se volvió aislado. Por un tiempo viví en la creencia de que la au­tonomía de trabajo en el aula, haciendo el mayor esfuerzo de interacción didác­tica con los alumnos, atendiendo a sus necesidades con una enseñanza diversificada y otras cuestiones de la mis­ma naturaleza, me llevaría a una calidad en mi enseñanza y a un bienestar de mi propia práctica.
Algunas tendencias negativas en el profesorado están en la organización celular de las escuelas, los maestros se enfrentan a sus problemas y ansiedades en privado, pasando la mayor parte de su tiempo aislados del resto de sus compañeros. A causa del aislamiento físico y la costumbre de no compartir, observar ni discutir el trabajo respectivo, los maestros no desarrollan una cultura técnica común ni colaborativa.
Por otra parte, descubrí que un cli­ma hostil o indiferente empobrece las po­sibilidades de actuación de los maestros, y la experiencia de los alumnos también se alimenta de este clima institucional. Es decir, si el espacio colectivo funciona de mane­ra fragmentada, incuestionable y con mecanismos de opresión, esto se puede reflejar en prácticas educativas muy sutiles, contrarias a ele­var la calidad de la educación (sobre todo en el aspecto de los valores). Así, mi práctica docente se insta­ló por un periodo en el desencanto del trabajo colectivo, y no lo veo como so­lución sino como problema.
Mi práctica docente se refugió en el aula, sólo en la dimensión didáctica mantengo la esperan­za de promover una formación integral que refleje los valores individuales y so­ciales consagrados en el Artículo Terce­ro. Evitar que mis alumnos repitan una vida profesional tan insatisfactoria como la que yo viví fue sólo uno de mis objeti­vos. Pero, mi práctica esta coja, siento que es tapar el sol con un dedo.
Lo anterior responde básicamente al tipo de docente que soy, que en síntesis podría describirme como un profesional estresado por las demandas de la sociedad sobre la calidad de la formación de las futuras generaciones, aislamiento profesional por imitación, comodidad y malas experiencias en el consejo técnico, y sentimientos de impotencia por el estado de las cosas. Frecuentemente he vivido una prác­tica llena de tensiones y, dadas las muchas exigencias, una cierta limitación para abarcarlo todo y además ir contra la corriente. Pero con la base de una estructura mínima de participación, podremos "Aprender a vivir con la pluralidad, encontrando el difícil equilibrio entre la necesidad de llegar a ciertos acuerdos básicos en la escuela y respetar legítimas diferencias".
Tomo entonces consideración de lo anterior para plantear una propuesta significativa para modificar mi práctica y conciliar en mayor medida ese docente que soy con el que me gustaría y debería ser para lograr con mi trabajo calidad en los aprendizajes de mis alumnos.

MI AVENTURA DE SER DOCENTE

Estoy de acuerdo cuando se menciona que “se aprende a ser profesor por ensayo y error” y también cuando menciona que “nadie nos enseña ser profesores”, por muchos cursos de pedagogía que tomemos, por mucho que leamos, el estar frente a grupo es lo que nos da va a dar la experiencia para conducir con éxito a nuestros alumnos y cada grupo es como un hijo y cada hijo es diferente.

Hay que aprender a escucharlos, a entenderlos, a negociar con ellos y también a amarlos e impartirles valores, porque nuestra labor no sólo es informativa es también formativa, estamos edificando hombres y mujeres de éxito.

Me gusta la definición de Unamuno de magisterio “dedicar la propia vida a pensar y a sentir y hacer pensar y sentir ambas cosas juntas”. Cuando estamos frente al grupo, debemos tener una mentalidad de éxito y de motivación porque los alumnos perciben nuestros estados de ánimo y por así decirlo se mimetizan. Me ha pasado que cuando estoy con un ánimo decaído los alumnos se inquietan, no se concentran, no logro los objetivos que académicamente me propuse en ese día.

También coincido con el autor cuando menciona que “hay que ganarse el derecho a hacerse a oír”, y aquí deben entrar al ataque dos líneas de comportamiento: La negociación y la motivación. Un grupo que es reconocido y estimulado por los docentes se convierte en tu aliado. Los alumnos te tienen confianza te consideran un amigo, algunos te confían sus problemas y en general acaban aprendiendo no a gritos y sombrerazos que dejan serios traumas más adelante. Nuestros alumnos son seres pensantes, más de lo que imaginamos y creemos.
También debemos de bajarnos de nuestros peldaños de conocimientos y hacer la ciencia accesible a ellos, que nuestras clases sean verdaderas experiencias de conocimiento, y que ellos aprendan también a generar el conocimiento para que dejen de repetir los esquemas de la educación bancaria como señala Freire.